miércoles, 16 de diciembre de 2015

Los Miserables


"Digámoslo de paso; ser ciego y ser amado, es, en efecto, en este mundo en que no hay nada completo, una de las formas más extrañamente perfecta de la felicidad. 
Tener continuamente a nuestro lado una mujer, una hija, una hermana, un ser encantador, que está allí, precisamente porque necesitamos de él, y porque no puede pasar sin nosotros, conocer que somos indispensables a aquel ser a quien necesitamos, poder medir incesantemente su afecto por la cantidad de presencia que nos da, y decir: <<Pues que me consagra todo su tiempo, es que tengo todo su corazón>>
Ver el pensamiento a falta de la fisonomía, comprobar la fidelidad de un ser en el eclipse del mundo, percibir el crujido de un vestido como un ruido de alas, sentir ir y venir, salir, entrar, hablar, cantar; y pensar que uno es el centro de esos pasos, de esa palabra; de ese canto; manifestar a cada instante su propia atracción, conocerse uno tanto más poderoso cuanto es más impotente, y llegar a ser en la oscuridad y por la oscuridad, el astro a cuyo alrededor gravita aquél ángel; pocas felicidades igualan a esta. 
La dicha suprema de la vida es la convicción de que somos amados, amados por nosotros mismos; mejor dicho, amados a pesar de nosotros; esta convicción la tiene el ciego. 
Ser en su desgracia servido, es ser acariciado. ¿Le falta algo? No. Tener amor es no perder la luz. ¡Y qué amor! Un amor formado enteramente de virtud. 
No hay ceguera donde hay certidumbre. El alma a tientas busca el alma, y la encuentra. Y aquella alma encontrada y experimentada es una mujer: os sostiene una mano, es la suya, una boca roza vuestra frente, es su boca; oís cerca de vosotros una respiración, es ella. Tenerlo todo de ella, desde su culto hasta su piedad, no ser nunca abandonado, tener esa dulce debilidad que os socorre, apoyarse en esa caña inquebrantable, tocar por sus manos la Providencia, y poder tomarla en los brazos como un Dios palpable, ¡ qué arrobamiento ¡. El corazón, esa celeste flor oscura, cae en un desvanecimiento misterioso.
 ¡No cambiaría esa sombra por toda la claridad! El alma ángel está allí, sin cesar allí: si se aparta es para volver; se disipa como el sueño, y reaparece como la realidad; se siente el calor de su presencia que se aproxima, vedla. Hay en ella una efusión de serenidad, de alegría, de éxtasis; es un rayo de luz en la noche. Mil cuidados pequeños, nadas que son enormes en aquel vacío; los más inefables acentos de la voz femenina empleados en mimarnos, y supliendo por nosotros en el universo desvanecido. Siéntese uno acariciado con el alma. Nada ve, pero se conoce adorado. Está en un paraíso de tinieblas".


Victor Hugo - Los Miserables



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