jueves, 3 de diciembre de 2015

Aborrezco


"Aborrezco la guerra. No es justa. Es el triunfo de nuestra debilidad. La razón de que todavía seamos bestias abocadas a la destrucción final, de nuestra casa la Tierra, de nuestra esencia humana, de todo lo que merece la pena ser respetado, amado y vivido.

Aborrezco el lado oscuro de los seres humanos. Si nos invadieran los extraterrestres, yo les pediría asilo político. No me gusta compartir la belleza del mundo y el amor de tantas personas con los líderes que nos empujan al odio, protegidos en sus palacios de cristal, jugando con los sentimientos de los demás mientras aseguran "salvarnos" del mal porque nos creen ignorantes y simples.

Aborrezco que se utilice a los ejércitos para atacar a inocentes, y porque las armas se fabrican para ser probadas, no para disuadir a supuestos enemigos inventados o reales.

Aborrezco las banderas. No son más que telas de colores por las que no vale la pena morir, sino arroparse con ellas, todos juntos, en busca de calor y de cobijo. Y lo mismo pienso de cantarles o jurarles fidelidad cada mañana, como un robot, sin derecho a pensar, para sentirme fuerte y seguro en mi superioridad desde la niñez a partir de la cual nos manipulan.



Aborrezco las naciones. Se construyen sobre la sangre de millones de personas, y se defienden con la sangre de otros muchos millones a lo largo de sus historias. Si hay naciones, hay fronteras, y con ellas todas las distancias, las diferencias, los odios, los recelos, barreras que separan riquezas y pobrezas.
Aborrezco los totalitarismos, los orgullos patrios, las clases de mundo que tratan de imponernos al hablar del primero o del tercero, porque no hay un primer mundo, ni un tercer mundo, sino un nosotros, todos nosotros, seres humanos.

Aborrezco las religiones, el totalitarismo excluyente de nuestro Dios frente a su Dios, la creencia de que somos mejores porque nuestra fe es mas fuerte o la de creer que venceremos porque ese Dios está de nuestro lado y su espada se abatirá sobre los contrarios con implacable justicia.

Por lo mismo, aborrezco orarle a un Dios para pedirle la muerte de mi enemigo, al que no conozco, impuesta por un líder al que temo.

Aborrezco los separatismos ciegos y minúsculos, tanto como los separatismos excluyentes que dominan sin respetos a esas minorías.

Y aborrezco la violencia, cualquier tipo de violencia, la del niño mayor frente al niño pequeño en la escuela, la del fanático de fútbol frente al rival en el estadio, la del racismo en las calles, la de los que son incapaces de creer que nacer aquí o allá y con una u otra piel es tan solo una cuestión del destino, la de los energúmenos sin cultura que por cada libro que no han leído le pegan una bofetada a su mujer, la de la falta de respeto por las ideas ajenas...

Tantas cosas que aborrezco.
Y aun así, nunca serán tantas como el amor que siento por la vida.
Saber, creer, esperar...
Sobre todo esperar, y luchar en paz por ese mundo mejor.
Aunque fracasemos, como fracasa cada generación mientras tiende un puente de esperanza para la siguiente.
Que extraña cadena. ''

Jordi Sierra i Fabra - La guerra de mi hermano

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