NO ME ACOSTUMBRO
No
me acostumbro a sentir como nos manipulan, nos usan y nos tiran como si
fuésemos basura.
No
me acostumbro a asentir con la cabeza mientras los demás piensan.
No
me acostumbro a callarme la boca ni a cerrar los ojos cuando algo me provoca.
No
me acostumbro a hacer de peón mientras los reyes nos comen sin ningún pudor.
No
me acostumbro a quedarme sentada sin hacer nada, sin pelear por lo que me
falta.
No
me acostumbro a la libertad sobrevalorada, a las mentiras, a hipotecar mi alma.
A las falsas apariencias, las ataduras y las alarmas.
No
me acostumbro a una tierra con dueño, comercializada y sin calma.
Al
hambre, a la miseria, a los generales y las bombas que lanzan.
No
me acostumbro a mirar a mi alrededor buscando una aprobación.
A
seguir caminos marcados, transitados y con circulación.
No
me acostumbro a la gente que espera que baje Dios y lo arregle.
A
que existan leyes que encubran a reyes y presidentes.
No
me acostumbro a la vergüenza y a la dignidad robada.
Corazones
corruptos con ganas de lucrar su alma.
Descansando
en una playa mientras la sociedad estalla.
Viviendo
en un cuento con final de hadas.
Ponte
en pie, con el puño arriba y la cabeza bien alta.
Saca
tu lengua a pasear, que tus palabras sean las armas que los matarán.
Palabras
inyectadas de veneno, directas a su cerebro,
sin
filtros, sin traducciones de ningún tipo.
Que
se enteren, que no nos infravaloren, que todavía podemos enseñarles
que
lugar ocupan en nuestros corazones.
Ser
soles que iluminan conciencias dormidas, metralla que atraviesa paredes de roca
viva.
Ser
la lluvia que empapa sonrisas de moral herida. Salir y gritar.
Que
el final solo nos servirá para volver a empezar.
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